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23/1/08

Hiparquia y Crates

En las primeras culturas la alfabetización era un privilegio.. Eurídice (muerta en el año 390 a. de C.), madre de Filipo II de Macedonia y abuela de Alejandro Magno expresó su gratitud por haber aprendido a leer en una tabilla de piedra:
Eurídice, hija de Irras,
eleva esta ofrenda a las musas,
contenta porque el deseo de su corazón
fue atendido en sus plegarias,
pues con su ayuda aprendió,
Siendo madre de dos hijos adultos,
las letras, inscripciones de palabras,
aprendió a leer y a escribir.
Eurídice vivió al principio de uno de los períodos en los que las mujeres podían acumular riquezas . Fue exactamente en estos períodos -época helenística en Grecia (siglos IV a I a. de C.), y a finales de la época republicana y principios de la imperial en Roma (siglo I a de C. a siglo II)-cuando algunas mujeres pudieron recibir educación. Dejaron testimonios de su presencia en el arte, la filosofía, la ciencia y la literatura. De las ocho mujeres artistas mencionadas por los autores antiguos, gran número de ellas son descritas como "hija y estudiante" de un padre pintor. El relato más completo es el de Iaia de Cízico, escultora que trabajó en Roma hacia el año 100 a. de C. Recoge Anderson y Zinsser (1991, 86) un comentario de PLINIO que decía de ella:"Empleaba tanto el pincel de pintor, como el cincel sobre el marfil."
Pánfila era una poetisa de la época de Nerón nacida en Egipto que escribió una Miscelánea Histórica.
En el mundo antiguo, tres mujeres gozaron de reputación y son mencionadas como filósofas: Hiparquia, ateniense del siglo III a. de C., Beruria, de Jerusalén del siglo II e Hipatia, alejandrina del siglo IV al V.

La frase "soy mucho más fuerte que Atalanta de Menalo (la famosa corredora) porque mi sabiduría es mejor que correr por la montaña", se atribuye a Hiparquia.

Han sobrevivido escritos de algunas mujeres : epístolas y poesía de la cultura grecolatina.
De todas las poetisas, Safo de Lesbos- la más antigua en el tiempo-fue la más brillante.
http://www.educa.madrid.org/web/ies.magerit.madrid/orienta/mujeres/primecult.html

14/1/08

Crates: la secta del perro. Pilar Dasi Crespo.

Pilar Dasi Crespo
Valencia, 1996

IDEALIZACION DE LOS MODOS DE GOCE.
La secta del perro: Crates

El titulo que convoca esta mesa alude directamente a la segregación, y me parece muy bien elegido en relación a mis reflexiones en torno al malestar en la cultura en un mundo donde el cinismo no es ya la excepción, sino el punto de anclaje donde se estructuran los modos y vínculos sociales en sus distintas formas.
Mientras el cínico antiguo se enfrentaba, en solitario, a la sociedad de su entorno, tratando de escandalizar, y aspirando a la etiqueta de sabio, el cinismo moderno es colectivo, ignorante, lo que produce efectos en lo social que no son semejantes a lo que Diógenes en su tonel y con su linterna promulgaba.
El cinismo tuvo de especifico una forma de pensar critica, subversiva y revulsiva, frente al idealismo platónico y la retórica convencional. Diógenes ‘el cínico subvierte.
En efecto, se alza contra el discurso corriente de su tiempo, y aunque desarrolla otro ideal, el de ascetismo individualista frente al ideal de la identidad colectiva, prometía algo frente a su ciudad, promulgaba que los valores de la civilización sólo son apariencias, no existen, sólo son goce de lo real. Promulgaba: sólo hay un gobierno justo, el del universo. Su egoísmo de sabio se compensa estéticamente con una benevolencia universal y cósmica.
El cosmopolitismo cínico no es el cosmopolitismo de la ilustración que se ocupa de las naciones, sino el cosmopolitismo subversivo del individuo, atenido a si mismo, que renuncia voluntariamente a su ciudadanía, para no quedarse, por la pérdida violenta de su patria, sin la base de su existencia moral.
El cinismo antiguo era una carta de presentación para el desafio, con la provocación y el escándalo que invitan al reto. El cínico antiguo se negaba a rendir homenaje a lo respetable, pretendiendo denunciar la inautenticidad de la honorabilidad colectiva y sus supuestos, revelándose contra los fraudes de una comunidad que le parece falsa y perturbada, y prefiriendo renunciar al progreso y seguir una senda individual a cualquier precio con tal de escapar a la alienación.
El cinismo moderno en cambio, se embrutece masivamente, se adormila en las rutinas y convencionalismos, cultivando el pequeño goce personal y solo alertado por ese poco más de goce que pueda tener el vecino, siempre preocupado abusivamente por el otro, lo que produce en los sujetos captados en ese orden el desprecio (por el que no se ha sacrificado en la misma medida), el proselitismo (hagan como nosotros) y la persecución (ese celo que no hace sino saciar el kakon fundamental que no es domesticable).
Aunque en todo grupo social, el narcisismo colectivo, incluye y disimula un goce, mediante los ideales, y es a nivel del narcisismo individual en el que es insoportable el goce del Otro, ese rasgo, el cinismo, rasgo fundamental de nuestra época, ilustra magníficamente la afirmación freudiana de que no hay causa social de la represión: la insatisfacción es inmanente a la existencia del ser humano y que en el origen de la estructura de todo grupo lo que hay es un ideal del yo (S1).
Ese goce que incluye y que disimula el narcisismo individual retorna al exterior. Es lo insoportable en relación al goce del Otro que se idealiza. Por otra parte, en todo colectivo humano, lo contenido en el interior retorna al exterior, lo que implica el racismo, pues todo grupo, aspira a universalizar la falta en gozar.
Como sabemos, el discurso capitalista recicla todo. Los efectos pues, en la sociedad capitalista no son iguales en relación a lo que se ha llamado la Secta del perro, fundada por Antístenes y de la cual Diógenes sería su más conocido representante.
Antístenes aconsejaba fortificarse contra las calumnias más que contra los apedreamientos. Preocupado por lo social, lo combatía con el cinismo de sus enunciados. A modo de ejemplo: las ciudades perecen en el momento en que no pueden distinguir a los malos y a los buenos.
¿Por qué la secta del perro? por que el perro es un animal muy poco gregario, es insolidario con los suyos, y esta dispuesto a traicionar a la especie canina y pasarse al lado de los humanos. Es agresivo y fiero, o fiel y cariñoso, según sus relaciones individuales Comparte con el esclavo la capacidad de captar algo de la razón en el sentido de que sabe obedecer las ordenes de su amo, pero no mucho más e implica una renuncia, la renuncia a lo civilizado.
La definición del cínico antiguo más precisa que he encontrado, seria que cínico seria aquel que actuase como el maestro de coro que da las notas un tono más alto para que los demás entonen a la altura adecuada. Y en esto, Diógenes es su mejor representante: exagera, busca siempre esa nota chillona, para atraer la atención, como lo revelan las anécdotas, no vacila en dar la nota. Provocador callejero, Diógenes es agresivo con unos y singularmente atractivo para otros. Acudió una vez Alejandro hasta él y le dijo: ‘Yo soy Alejandro el gran rey”. Repuso; “Y yo Diógenes el perro’. Al preguntarle porque se llamaba perro contesto” Porque muevo el rabo ante los que me dan algo, ladro a los que no me dan, y muerdo a los malvados”.
Al anunciar Filipo que iba a atacar Corinto y al estar todos dedicados a los trabajos y corriendo de un lado a otro, él empujaba haciéndola rodar, la tinaja en que vivía. Como uno le preguntara : “¿Por qué lo haces, Diógenes? “ dijo; “Porque, estando todos tan apurados, sería absurdo que yo no hiciera nada. Así que echo a rodar mi tinaja, no teniendo otra cosa en que ocuparme”. Pero el cínico no hace nada por el bien común, tan sólo parodia la agitación ajena, en un gesto burlón.
Gesto burlón que retorna en relación a su muerte. Hay dos anécdotas: una dice que murió por la mordedura de los perros y otra, más interesante, que fue al no poder digerir los trozos de pulpo que había comido crudo. Rechazar lo cocido es un riesgo, pues la carne cruda que un perro digiere bien, puede resultar mortífera para un hombre.
Crates, vendió su hacienda y se proclamó discípulo de Diógenes, como oposición a la cultura convencional, pero de una forma peculiar, tratando de no hacer una capitulación absurda de los goces. Aprovecha las formas existentes del arte y al propio tiempo las disuelve, fundamentalmente en la poesía.
Hiparquia se enamoró de él y tomando el mismo habito que su esposo, marchó con él. Comenzando así su vida como filosofa. Lo que no sería considerado un delito si lo hiciera Teodoro, tampoco será considerado delito si lo hace Hiparquia. Teodoro no comete delito si se golpea a si mismo, luego tampoco lo comete Hiparquia si golpea a Teodoro. El no replicó pero le arrancó el vestido. ¿esta es la que abandono la lanzadera en el telar? respondió ‘yo soy, Teodoro. ¿Es que te parece que he tomado una decisión equivocada sobre mi misma, al dedicar el tiempo que iba a gastar en el telar en mi educación.
Crates e Hiparquia no piden justicia ni una felicidad basada en la riqueza y el honor, sino una dicha y una justicia privadas, aunque Crates también pensará una ciudad adecuada a los preceptos de la secta, en el siguiente poema.
Pera es una ciudad que se alza en medio de la purpúrea ilusión,
hermosa y esplendida, bañada de mugre, desprovista de todo,
en la que no atraca ningún alocado parásito,
ni ningún glotón,
Pero produce tomillo y ajos, e higos y panes,
por lo
s cuales no combaten entre sí sus moradores,
ni se proveen de armas para defender su moneda o su honor.
Pero ese ideal, no les cegaba. A Alejandro que les preguntó si quería que se reconstruyera su patria, le contesto; ¿Que más da? probablemente otro Alejandro la arrasará de nuevo”.
La humanidad se contenta con el fantasma.
Todo colectivo humano idealiza los modos de goce, pero quisiera resaltar que las marcas en la antigüedad, la ilustración y en nuestros tiempos no son iguales y eso en razón de que la universalidad introducida por el discurso de la ciencia --que pretende la supresión de las diferencias a nivel del deseo y del goce-- produce paradójicamente una renuncia, que agota en si misma el lado subversivo, que los ideales, cualquiera que sean tienen en relación a la apuesta por el deseo, por más desatinado y escandaloso que pueda parecer.
Silencio, toda palabra debe ser opaca, todo saber acallado. Toda excentricidad denunciada, todo gusto abandonado, y todo eso cubierto bajo un manto de moralina --con apariencia o no de liberalismo-- que nos iguale clónicamente, aunque debajo latan propuestas que clamen por ser dichas.
Sade será quien respecto de los ideales de la Revolución francesa y de la Ilustración, al igual que Diógenes ‘el cínico’, en relación a la polis griega, revele la verdad del goce del saber de su época.. Revela que existe un goce del uno, uno solo que está en ruptura con el lazo social.
Y aunque es una verdad irrealizable, Sade, victima voluntaria, no hace concesiones, llegando al limite de lo indecible. Lo que nos revela que no ceder en lo que toca al deseo es una paradoja, pues el automatón del significante condena a lo cómico. Voy a leer un pasaje, que aunque no es de Antígona podría llevar su nombre. Es el testamento espiritual del marques;
Charenton, 4 de Mayo de 1.811
Debo agradeceros muy sinceramente, mi querida prima, el hermoso regalo que acabáis de hacerme. Os aseguro que le doy un gran valor, y El genio del cristianismo, llegado a mis manos con las alas de la virtud, etc., etc., solo puede producirme todos los buenos efectos que esperáis de él. ¡Pero con que expresiones acompañáis, mi querida prima vuestro encantador regalo!. con palabras mucho más amables y mucho más espirituales, lo que me decís significa literalmente: saldréis cuando seáis bueno. ................O bien soy lo que debo ser, o no lo seré jamás.............................se necesitan ejemplos para convencer y no torturas. Se odian hasta las opiniones de quienes nos maltratan .............
El testamento:
articulo quinto y último:
............quiero que se me entierre en el primer soto que se encuentra a la derecha, entrando por el lado de antiguo castillo.......una vez recubierta la fosa será sembrada de bellotas a fin de que quede todo tupido como antes y que mi tumba desaparezca de la fax de la tierra, como espero que se borre mi memoria de la mente de los hombres, excepto de un pequeño grupo que han querido amarme hasta el último momento. ..... 30.1.1.806.
La conciencia no es órgano de la naturaleza, es el órgano de los prejuicios. venzámoslos y enseguida la conciencia se pondrá a nuestra ordenes. Este pensamiento tampoco es viable, pero nos muestra que entre el hombre normal que encierra al hombre sádico en un callejón sin salida y el sádico que hace del callejón una salida, es este quien más sabe sobre la verdad y la lógica de su situación, y quien tiene la inteligencia más profunda, al punto de poder ayudar al hombre normal a comprenderse a si mismo, ayudándole a modificar las condiciones de toda comprensión.
El cinismo no conviene al psicoanálisis. Es cierto que el cínico no es un engañado, que es alguien que al final ha llegado a saber que los valores de la civilización sólo son apariencia. Pero, la particularidad del sujeto, significa un funcionamiento basado en el conjunto resistente a la segregación y eso no lo contempla el discurso, cualquiera que sea, incluso el discurso analítico. Eso solo es posible abordarlo a través de la estructura. Y es en ese sentido que la ‘naturaleza “ de Sade es el anuncio de los deberes de la estructura, del misterio del código, de la muerte que antecede en el lenguaje y se presentifica en el silencio.
http://www.campolacaniano-valencia.net/biblioteca/idealizacion_de_los_modos_de_goce.html

6/1/08

Crates e Hiparquia

Crates e Hiparquia
Roma, Museo Nazionale Romano (Museo delle Terme), Fresco de la Farnesina 

Actividades

Sobre Crates e Hiparquia
También Hiparquia, hermana de Metrocles, se dejó llevar de los discursos de Crates: ambos eran naturales de Maronea. Agradábale tanto la vida y conversación de Crates, que ninguna ventaja de sus pretendientes, las riquezas, la nobleza ni la hermosura la pudieron apartar de su propósito, pues Crates era todas estas cosas para ella. (1)
Hallóse, pues, en un convite que dio Lisímaco, en que también estaba Teodoro, el apellidado Ateo, al cual propuso el argumento siguiente: «Lo que pudo hacer Teodoro sin reprensión de injusto, lo puede hacer Hiparquia sin reprensión de injusta; hiriéndose Teodoro a sí mismo no obró injustamente; luego tampoco Hiparquia obra injustamente hiriendo a Teodoro.» A esto nada opuso Teodoro, contentándose con tirarla de la ropa; pero ella no se asustó ni turbó como mujer, sino que como Teodoro la dijese:
¿Eres la que dejaste
la tela y lanzadera?
respondió: «Yo soy, Teodoro: ¿te parece, por ventura, que he mirado poco por mí en dar a las ciencias el tiempo que había de gastar en la tela?» Estas y otras muchas cosas se refieren de esta filósofa. (2)
Sobre Crates:
Demetrio de Magnesia dice que depositó su dinero en casa de un banquero con la condición de que lo diese a sus hijos si eran idiotas; mas en caso de ser filósofos, lo distribuyese al pueblo. (3)Decía que «se debe filosofar hasta tanto que los generales de ejército parezcan conductores de asnos». (5)
Como Alejandro le dijese si quería que se reedificase su patria, respondió: «¿Y para qué, si luego algún otro Alejandro la volverá a destruir?» (6)
http://ficus.pntic.mec.es/~wque0012/filantigua/siglo_V/06_actividades.htm

3/1/08

Crates, cínico

Crates
Cínico
[Cuento. Texto completo]
Marcel Schwob
Nació en Tebas, fue discípulo de Diógenes y además conoció a Alejandro. Su padre, Ascondas, era rico y le dejó doscientos talentos. Un día en que fue a ver una tragedia de Eurípides se sintió inspirado ante la aparición de Telefo, rey de Misia, vestido de harapos y con una cesta en la mano.
Se levantó en medio del teatro y en voz alta anunció que distribuiría los doscientos talentos de su herencia a quien los quisiera, y que en adelante le bastarían las ropas de Telefo. Los tebanos se echaron a reír y se agolparon frente a su casa. Sin embargo, Crates se reía más que ellos. Arrojó su dinero y sus muebles por las ventanas, tomó un manto de tela, unas alforjas y se fue. Llegó a Atenas y anduvo al azar por las calles, y a ratos descansaba apoyado en las murallas, entre los excrementos. Practicó todo lo que aconsejaba Diógenes. El tonel le pareció superfluo. Crates opinaba que el hombre no es un caracol ni un paguro. Se quedó completamente desnudo entre las basuras y recogía cortezas de pan, aceitunas podridas y espinas de pescado para llenar sus alforjas. Decía que sus alforjas eran una ciudad vasta y opulenta donde no había parásitos ni cortesanas, y que producía en cantidades suficientes, tomillo, ajo, higos y pan, que satisfacían a su rey. Así Crates llevaba su patria a cuestas, que lo alimentaba.
No se inmiscuía en los asuntos públicos, ni siquiera para burlarse, y tampoco le daba por insultar a los reyes.
Desaprobó la broma de Diógenes. Diógenes un día había gritado: "¡Hombres, acérquense!", y los que se habían acercado los golpeó con su bastón y les dijo: "Llamé a hombres, no a excrementos". Crates se mostró tierno con la gente. Nada lo preocupaba. Se había acostumbrado a las llagas. Lo único que lamentaba era no tener un cuerpo lo suficientemente flexible como para podérselas lamer, como hacen los perros. Deploraba también la necesidad de ingerir alimentos sólidos y beber agua. Pensaba que el hombre debía bastarse a sí mismo, sin ninguna ayuda exterior. Al menos no iba en busca de agua para lavarse. Si la mugre lo incomodaba, se contentaba con frotarse contra las murallas pues había observado que no de otro modo proceden los asnos. Poco hablaba de los dioses: no le importaban. Qué más le daba que hubiera o que no hubiera dioses si sabía que no podían hacerle nada. En todo caso, les reprochaba que hubieran hecho deliberadamente desdichado al hombre al ponerle la cara en dirección al cielo y privarlo de la facultad que poseen la mayor parte de los animales, que andan a cuatro patas. Ya que los dioses han decidido que para vivir hay que comer, pensaba Crates, tenían que poner la cara del hombre mirando al suelo, que es donde crecen las raíces: nadie podía subsistir de aire o de estrellas.
La vida no fue generosa con él. A fuerza de exponer sus ojos al polvo acre del Ática, contrajo legañas. Una enfermedad desconocida de la piel lo cubrió de tumores. Se rascó con sus uñas, que no cortaba nunca, y observó que sacaba un doble provecho, puesto que al mismo tiempo que las usaba sentía alivio. Sus largos cabellos llegaron a parecerse a un fieltro tupido, y se las arregló de modo que lo protegieran de la lluvia y el sol.
Cuando Alejandro fue a verlo, no le dirigió palabras mordaces sino que lo consideró uno más entre los espectadores, sin hacer ninguna diferencia entre el rey y la muchedumbre. Crates carecía de opinión sobre los poderosos. Le importaban tan poco como los dioses. Sólo los hombres lo preocupaban, y la forma de pasar la vida con la mayor sencillez posible. Las censuras de Diógenes le causaban risa, lo mismo que sus pretensiones de reformar las costumbres.
Crates se consideraba muy por encima de tan vulgares preocupaciones. Transformaba la máxima inscrita en el frontón del templo de Délfos, y decía: "Vive tú mismo". La idea de cualquier conocimiento le parecía absurda. Sólo estudiaba las relaciones de su cuerpo con lo que éste necesitaba, tratando de reducirlas al máximo. Diógenes mordía como los perros, pero Crates vivía como los perros.
Tuvo un discípulo llamado Metrocles. Era un rico joven de Maronea. Su hermana Hiparquia, bella y joven, se enamoró de Crates. Hay testimonios de que se sintió atraída por él y de que fue a buscarlo. Parece imposible, pero es cierto. No le repugnaba ni la suciedad del cínico, ni su absoluta pobreza, ni el horror de su vida pública. Crates le previno que vivía como los perros, por las calles, y que buscaba huesos en los montones de basura. Le advirtió que nada de su vida en común sería ocultado y que la poseería públicamente cuando tuviera ganas, como lo hacen los perros con las perras. A Hiparquia no le extrañó. Sus padres trataron de retenerla: ella amenazó con matarse. Entonces abandonó el pueblo de Maronea, desnuda, con los cabellos sueltos, cubierta sólo con un antiguo lienzo, y vivió con Crates, vestida como él. Se dice que tuvieron un hijo, Pasicles; pero no hay nada seguro al respecto.
Parece que esta Hiparquia fue buena y compasiva con los pobres. Acariciaba a los enfermos; lamía sin la menor repugnancia las heridas sangrantes de los que sufrían, convencida de que eran para ella lo que las ovejas son para las ovejas. Si hacía frío, Crates e Hiparquia se acurrucaban con los pobres y trataban de trasmitirles el calor de sus cuerpos. No sentían ninguna preferencia por los que se acercaban a ellos. Les bastaba con que fueran hombres.
Eso es todo lo que nos ha llegado de la mujer de Crates; no sabemos cuándo ni cómo murió. Su hermano Metrocles admiraba a Crates, y lo imitó. Pero no vivía tranquilo. Continuas flatulencias, que no podía retener, perturbaban su salud. Se desesperó y decidió morir. Crates se enteró de su desgracia y quiso consolarlo. Comió una buena porción de altramuces y se fue a ver a Metrocles. Le preguntó si era la vergüenza de su enfermedad lo que tanto lo afligía. Metrocles confesó que no podía soportar su desgracia. Entonces Crates, hinchado por los altramuces, soltó unos cuantos gases en presencia de su discípulo y le afirmó que la naturaleza sometía a todos los hombres al mismo mal. Luego le reprochó que hubiese sentido vergüenza de los demás y le propuso su propio ejemplo. Soltó después unos cuantos gases más, tomó a Metrocles de la mano y se lo llevó.
Ambos anduvieron mucho tiempo juntos por las calles de Atenas, sin duda con Hiparquia. Hablaban muy poco entre ellos. No tenían vergüenza de nada. Aún cuando revolvían en los mismos montones de basuras, los perros parecían respetarlos. Cabe pensar que si los hubiera acuciado el hambre, se habrían acometido unos a otros a dentelladas. Pero los biógrafos no refieren nada por el estilo. Sabemos que Crates murió viejo, que terminó por quedarse en un mismo sitio, recostado bajo el cobertizo de un almacén del Pireo donde los marineros guardaban fardos, que dejó de vagar en busca de algo que roer, que ya ni siquiera quiso extender el brazo y que un día lo encontraron consumido por el hambre.
FIN

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