9/1/08

Devenir mujer. Hiparquia de Tracia

VIERNES 28 DE DICIEMBRE DE 2007

Principal/Literatura/Doke Libertario/devenir mujer

A la literatura, –como a la historia, la religión, la moral o la política- le cuelga un falo.
En los imaginarios de las sociedades antiguas y modernas, en los testimonios de las religiones y la literatura, en los mitos griegos como el de Pandora o en el hebreo de Eva, en las atiborradas elucubraciones de Aristóteles -que equiparaba la inteligencia de la mujer a la de un infante-, de Schopenhauer o de Byron, la mujer no sólo es dibujada en un peldaño inferior al del hombre, sino que sobradas veces se le endilga –además- ser causa de toda la penuria humana.

El hombre inventó a los dioses y a la prostitución.
La poligamia y el horror al sexo son también perdurables creaciones masculinas.
La Eva bíblica produjo el gran chapuzón del género humano en el pecado, y la Eva cristiana fue el sendero tapizado de corolas que desemboca en el infierno. Para no quedar en menos frente a idolatría judeocristiana del macho, Mahoma limitó a cuatro el número máximo de mujeres que podía capitalizar un devoto del Corán. Claro que a él, por ser el representante directo de Alah, le correspondían siete. Número que fue respetado por los subsiguientes emires y sultanes de la fe musulmana aunque, por ingenio de macho, se otorgaron la generosa posibilidad de agregar hasta cien concubinas en su haber.

Hiparquia, esa mujer.
El espíritu misógino rodea incluso los mejores relatos.
Cuando Diógenes Laercio cuenta sobre Hiparquia, la filósofa cínica de Maronea y una de las primeras mujeres en rebelarse desde su condición femenina, lo hace a partir de su marido: “se enamoró de Crates, tanto por sus palabras como por su conducta, al tiempo que no prestaba ninguna atención a los que la cortejaban”. Para el estupor de Laercio es Crates quien intima a Hiparquia asumiendo el papel activo de desnudarse ante ella e imponiéndole así su condición de marginal que Hiparquia debe aceptar si desea estar con él.
Marcel Schwob sugiere que Hiparquia se vio conquistada y seducida por las ideas y la conversación de Crates (y no al revés) al punto de amenazar con el suicidio si no le era posible permanecer como compañía del cínico de austera existencia.
Divagar en harapos, rebuscar en las sobras de la basura el alimento, fornicar a la vista de todos eran prácticas promovidas por los hombres cínicos. Antístenes, el perro tonelero Diógenes, Crates y el flatulento Metrocles -hermano de Hiparquia-, con su look andrajoso y su sexualidad pública desairaban el orden establecido tras un ansia de libertad irreprimible.
Al mismo tiempo repelían la filosofía especulativa dominante encarnada en Platón, trucándola por un pensamiento práctico.
Hiparquia hizo más. Increíblemente más para la época.
A todas las actitudes de los hombres cínicos le agregó su condición de mujer. Fornicar en público, no bañarse jamás y dormir entre los gatos ya era impúdicamente desafiante a las imposiciones sociales cuando lo hacían los hombres. En una mujer estas acciones adquirieron los rasgos del escándalo y el escarnio. Ofensa al macho.

Devenir mujer.
No hay que caer en engaños livianos: el poder seductor y destructor que los moralistas y escribas masculinos le otorgaron durante centurias a la mujer realmente existe.
Pero su artificio desestabilizador lo es sobre todo de la cultura del macho. Lejos de conducir a un profético infierno de dolores es infinitamente más probable que desemboque en el genuino parir de la historia humana.
Tan sólo la mujer puede lograr que cada sexo sea superior al otro, el hombre ha de reconocer su histórico fracaso en ello.
Entusiastamente el hombre puede olvidarse de ser macho, la mujer jamás habrá de perder su condición de hembra.

http://www.thehouseofblogs.com/Literatura/devenir_mujer_149.html

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