Buenos días a todo el mundo. Espero que todo vaya bien. ¿Qué planes tenéis para hoy? Se supone que esto es una bitácora y en ella iré dejando un poco de todo. Sin copiar artículos, claro, puesto que no me gusta. Suelo copiar alguno para no perder el contenido y, después, contrastarlo y dar mi opinión aunque se me suele olvidar que lo subí a algún blog. Menos mal que el foro sirve para eso, para depositar contenido que, después de contrastado y comprobado, puedo comentar.
A pesar de la tristeza, infinita tristeza, del frío y del ambiente amarillento que tengo en mi entorno y tendré durante años - sí, años, porque hay cosas que no pueden ni quieren morir por mucho que nos empeñemos en matar y me temo que estoy cansada de intentar consumar un homicidio sentimental que resucita por donde menos me lo espero, lo cual quiere decir que algo tengo que aprender o que algo se ha de trabajar ahí y no precisamente la madurez emocional - la vida continúa y hay que hacerle caso porque lo exige.
Así que seguiré con la faena. Veréis en los posts antiguos que voy dejando más información sobre los vídeos - y seguiré colocando más conforme encuentre novedades, no me gusta dejar un post con dos líneas de texto - y cerrando blogs que pueden centrarse aquí. Otros seguirán activos, espero que por muchos años.
Cambiaré a otros jardines algunas flores que transplanté de macetas para que terminaran de crecer y eliminar las hojas secas. Dejaré de participar en muchas listas y grupos porque no tengo tiempo y el trabajo me necesita. El trabajo y otras cosas: los estudios, la familia, etc...
Y abriré mi propio jardín. Exclusivo. Un jardín con una salida al mar, a ese mar con el que me llevo tan bien. Ambos nos respetamos y estimamos. Sabemos hasta dónde podemos llegar. Nos ponemos límites y los rompemos. Hablamos sin palabras. Es mi amigo, lo conozco en los movimientos de su superficie, en la temperatura de algunas de sus zonas, en su interior. Sé descubrirlo y guardar sus secretos. Sabe cuándo fortalecerme y cuándo tirarme abajo. Me refresca los pies cuando más me duelen y me obliga a caminar más duro cuando lo necesito.Quizás hasta nos amemos y todo, dentro de un respeto.
En este nuevo jardín ya no entrará el amor. Y menos el de quienes, despechados por sus novias, vengan a buscar cariño y compañía. Para eso está el otro jardín y se les atenderá con afabilidad y cortesía pero no con sentimientos. A mí no me hace falta ir enseñando a todo el mundo lo que escribo, lo que siento, lo que veo. Sólo necesitaba que un sol, que vino a iluminar falsamente nuestro sistema, diera un sentido a la vida. Pero tiene otros planes y yo no entro en ellos. Además es superficial, frívolo y carente de personalidad. Nada de esto me importaba pero sí que me mientan y me utilicen. Ese sol tendrá su jardín, el otro. En este nuevo sólo entrará la verdad con sus defectos y virtudes, pero la verdad, llana y simple. Nada de juegos, nada de sentimientos retorcidos.
Ahora estoy cambiando por momentos y veo el efecto en quienes me rodean. Tengo una costumbre: quienes me han querido cuando estaba abajo, hundida, fea, gorda y sin remedio, quienes se han mantenido conmigo y me han apreciado por lo que yo era, intentando recuperarme, esas personas son las que merecen la pena. Quienes me han querido - que no amado pero sí querido - a pesar de las grasas, del pelo blanco o gris y de mis ataques de histeria. Esas personas son las que se van a llevar el contenido de mi nuevo jardín, las que se merecen el beneficio de todo lo bueno que llegue ahora. Y las hay, hombres y mujeres. Puede ser que, incluso, me dé cuenta de que alguien me amó cuando era una miseria pero lo iré viendo con el paso de los días. Esas personas de la vida real que han venido a darme un beso real, que han hablado conmigo con palabras reales, que no han sentido vergüenza de invitarme a su casa o a pasear o a una mesa redonda ni de que la gente las viera conmigo, que han creído en mí. Esas personas que tienden a desaparecer cuando la fortuna sonríe porque piensan que están fuera de lugar, esa gente es la que ahora merece ser premiada porque es gente de buen corazón que afronta la realidad y ayuda a verla a los demás. No regalan dinero ni trabajo ni son guapos y guapas ni frívolos: son personas que estiman y valoran a los demás, sin perder su personalidad, dialogando, contrastando pareceres y encontrando acuerdos, que saben bajar a lo más hondo, mancharse y luego subir y volver a ser ellos mismos. Para ellos y ellas, sí abro mi jardín.
Seis kilos menos en un mes.
Ayer pensé en dejarlo todo correr. Iba a sentarme en la orilla como una señor mayor que estaba allí, auxiliada por su marido. Y, de repente, cambiaron las cosas. Las amistades y familia que nos quieren siempre aparecen en los momentos más necesarios. Y así animan a continuar con lo que se ha comenzado.
He conseguido perder seis kilos en menos de un mes. Tengo cuello, tobillos, muñecas, hombros y el vientre comienza a subir a su lugar. Seis kilos que he ido trabajando minuto a minuto. No como esa pérdida que se tiene cuando se empieza a hacer régimen, no. Son seis kilos que se han ido con dolor de pies, de brazos, agotamiento, calambres, agujetas, con trabajo duro y otros tantos más que se acabarán por marchar. Unido a un cambio de imagen en cuanto a ropa, peinado, he conseguido, por fin, que alguna gente ya no me mire con asco.
Pero... todo tiene un pero, obviamente. El pero es otro atisbo de lucidez.
Yo no miro con asco a la gente si su interior no es malo. Me da igual que la gente sea gorda, delgada, alta, baja, negra, blanca o lo que sea. Lo que sí me importa es cómo se desenvuelven en la vida, lo que hay dentro de sus corazones, el trato que dan a los demás. La imagen y el físico pueden cambiarse - el mío cambiará tropecientas veces de aquí a fin de año - pero el interior... ¿qué ocurre con el interior? En concreto, cuando adelgazo se me suele poner una mala idea tremenda que ya controlo. La controlo porque me doy cuenta de lo pequeña, pequeñísima e inmadura que es la gente que valora a los demás por su aspecto y por sus títulos, por su apariencia y por haberse sacado - a veces, examinándose con chuletas o conquistando al profesor o profesora - un diploma. Es gente superficial que tiene una terrible falta de personalidad y no saben ni mirarse a ellos mismos, no saben sacar de su corazón su realidad y mostrarla al mundo. Claro que eso duele pero es un acto de valentía por sí mismos y por los demás.
Veo en mi entorno a mujeres gorditas con bigote, que tienen un marido o un novio satisfecho, a su lado. Y dos o tres niños. Son personas que han conseguido lo que querían: una pareja, un trabajo, unos hijos y no quieren más porque tienen cumplidas sus expectativas. Y al ser felices, hacen felices a la gente que vive a su alrededor. No sólo se preocupan por sí mismos sino también por los demás y construyen núcleos sociales de gente feliz con lo mínimo.
Ayer mismo, en el supermercado, vi a una de esas mujeres guapísimas, de mi edad o un poco más. Un tipazo, su melena rubia, sus gafas de sol, su modelo a la última. Había una cola larguísima de gente esperando. La dama había comprado yogurts y comida de régimen y no le habían descontado en los yogurts el cincuenta por cien. El chico que había en la barra, con toda la cola pendiente, le preguntó si quería los yogurts. Ella dijo que no y el cajero le fue a descontar para acabar con su cuenta y seguir atendiendo a los demás pero ella exigió que se viera su caso. Mientras tanto, en la cola había algunos caballeros - no había que ser un lince para saber el por qué la dama estaba organizando aquel rifirafe- y alguna abuela que otra que tenía que pasar con su barrita de pan o su botecito de leche, pidiendo el turno. Las fuimos dejando pero la dama se desesperaba porque no la mirábamos a ella. A ella. Así que preguntamos al joven si había acabado y él empezó a cobrar a las personas más mayores. Casi nos tuvo un cuarto de hora mientras llegaba la encargada, miraba los yogurs y los devolvía. El caso es que el chico ya nos siguió atendiendo y cuando yo me fui, aún estaba la dama con sus yogurts.
Y me pregunto: ¿no le hubiera costado menos ligárselos dentro del supermercado para no tener que colapsar la fila? Igual hubiera conseguido que los caballeros le pagaran los yogurts. ¿O quería mostrar su poder sobre la masa infesta de gordas, bajas y antiguas que poblábamos la cola? Pues menudo lugar para mostrar su poder. Es como si el principe de Asturias se fuera a un pueblo perdido por la meseta para sentirse poderoso, querido y respetado por la gente, a menudo, poco ilustrada. Como en el pueblo fueran republicanos, mal le iba a salir el asunto.
¿Hay que seguir la cultura de la imagen impuesta por la televisión y los gobiernos? Ya se sabe que los instintos más primitivos del hombre son la vista y el olfato. Le siguen los oídos, el gusto y la atracción sexual que ahora se coloca en primer término. Como los niños que piden todo lo que les "entra por los ojos" debido a su color o por "los oídos" debido a la música que les acompaña y que, cuando prueban el juguete, se desencantan. Nada, que seguiré estudiando a los hombres de las cavernas para poder entender al ser humano actual porque, vestido de Armani o con pieles de arce, no ha dejado aún de ser el mismo animal ansioso y desaprensivo.
Buenos días, seres humanos o buenas tardes. Me voy a limpiar y a la playa, a seguir dándole paliza al cuerpo.
De 126 a 119. El cambio es considerable.
Los temarios de oposición van peor pero es cuestión de no dormirme y retomarlo.
Os dejo que el ordenador se me recalienta. Mañana, banco y dentista.
¿Con qué lo celebraré? Con Vivaldi y su "verano". Si encuentro algo más, iré dejando sucesivos artículos.
De todas maneras... ¿Qué sentido tiene todo esto?
"Estás más delgada". Sí, bien. El médico me lo lleva diciendo desde hace muchos años. Por la circulación y el corazón, sobre todo, para no forzarlo más.
"Estarás más guapa, ya verás" Puf... Gracias por las buenas intenciones.
"Podrás ponerte toda la ropa que te guste"... De nuevo, gracias por las buenas intenciones. La ropa que me gusta es amplia y holgada, sobre todo faldas y vestidos, jerseys, camisolas. Ahora porque tengo que ponerme algo más ajustado para no aparentar sesenta años pero me gusta la ropa holgadaaaa y que no enseñeeee.
"Ligarás mucho". Buf. Gracias, otra vez, por las buenas intenciones. Haré como antes: lista y comenzar a tachar: Nuevo, me pretende por el físico, fuera Nuevo, fuera. Antes no me tragaba porque estaba gorda, fuera. Para lo que sirve.
"Te verán mejor en el trabajo". Porque hay que trabajar y comer y pagar la hipoteca y sacar adelante a un hijo, que si no... Gracias por la idea.
"Por ti, por ti, por verte mejor". Pero si yo nunca me veo bien. Gracias por los buenos ojos. Y... ¿por mí? no por mí no, no es esto lo que quiero para mí. Es lo que los demás quieren para mí. Yo quiero tener paz, mi trabajo, mi casa, alguien que me ame y ser feliz, escribir, estudiar, escuchar música, compartir experiencias y llegar hasta donde pueda según el camino que tenga que recorrer. Igual llego arriba que vuelvo a caer pero salir del hoyo cada vez que caiga me dará nuevas fuerzas para seguir adelante. Y si llego arriba, llegué y si caigo, pues caída estoy. Mientras no pierda mi jardín...
Sí hay dos hechos por los que merecería la pena adelgazar y luchar:
1.- La vuelta de mi sol. Si me hablara, si me volviera a querer...
2.- Ser elegida como una tripulante más de un viaje interplanetario, aunque fuera a la luna, como aquella maestra que se fue en el viaje del desgraciado transbordador Challenger, Christa McAuliffe. De ilusión también se vive.
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