y si el dolor se apiña en el pecho, al menos tienes la suerte de saber que vives.
Las nubes no dejan de ser agua. Agua evaporada que volverá a solidificarse y seguirá su naturaleza. El viento no olvida al agua que le dio el ser y la cuida, la mueve, la mantiene para que siga viva y no se quede estancada.
Las nubes son el resultado amante del agua y del viento y se mueven en copos, cirros, cúmulos, nimbos, grises, blancas o negras, llevando la negatividad hacia otro lado donde pueda compensar el exceso de positivismo.
No te aflijas si ves nubes en tu mañana: piensa que están limpiando tu entorno y que recogen los deseos no cumplidos, las malas palabras que no se pronunciaron para que sigas disfrutando de una respiración pura y del amor en toda regla. Un día te permitirán ver el sol que no se marchó nunca, que siempre estuvo ahí, cuidando y facilitando que las aguas permitieran el nacimiento del viento y del aire, limpiándolo de impurezas y protegiendo la vida terrestre.
En cuanto al dolor en el pecho... ama, perdona, siente, ofrece oportunidades para vivir tú y que vivan los demás. Vives, tienes algo que lucha por salir y afianzar su situación en el mundo. Pero hazlo con amor, con sutileza, con honradez y cuidado. Como el sol, estando presente pero distante a la vez, sin permitir que te quemes pero sí dándote el calor justo en el momento debido.
Y las nubes... las nubes sólo traen y llevan esperanza. Limpian el cielo y lo preparan para que los rayos del sol iluminen bellamente a los seres vivos. Sobre todo a quienes sufran algún dolor en el pecho.
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