17/7/11

¡Qué calor!

El bochorno crece y crece conforme pasa la noche. Aunque estemos alejados de los rayos del sol que ahora quedan al otro lado del planeta parece que la tierra ha absorbido todo punto de calor, como si se hubiera cocido, y ahora desprende lo que había arrebatado. 

De esta manera recordamos que el sol no nos abandona, nos sigue queriendo y, en su ausencia, queda su calor, parte de su luz reflejada en la luna y el cuidado que pone sobre todos nosotros. Cuando la tierra da otra vuelta, el sol nos recibe en todo su esplendor, incluso si está nublado, haciéndonos saber cuán imprescindible es - si no fuera por él no habría sistema solar, vida o nada - y hace maravillosa a la noche en su ausencia porque nos deja una estrella azul o de cualquier otro color y siempre tenemos la esperanza de ver otro movimiento terrestre para que la luz solar nos acaricie, nos arrulle, nos ampare y sea generosa con nosotros iluminando nuestros débiles cerebros o nuestros lugares de vida.

De ahí la necesidad de nuestra estrella solar a quien los egipcios - bueno, yo creo que todos o casi todos los pueblos prehistóricos - hicieron dios y adorado por la necesidad que tenían de él y por la importancia que también tenían.  Hoy tenemos una constancia de que el sol nos ama y cuida tanto como nosotros podemos amarlo y cuidarlo a él. Si se dejara está claro...  Su vacío sería para nosotros la muerte con toda seguridad. su presencia, la vida absoluta y su amor, el regalo más rico que puede hacerse. 


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