La ignorancia llega en ocasiones a ser un buen escudo contra la necedad.
Coloco esta frase porque la gente es totalmente ignorante y los psicópatas, los sociópatas, los manipuladores, los débiles de mente y/o cuerpo utilizan el silencio, la observación y la ocultación para conseguir sus fines. A esto lo llaman inteligencia, estrategia y dicen a quienes se quejan luego de ser víctimas de sus engaños y los denuncian, de que no conocen los límites.
En el momento en que una persona engaña a otra para conseguir algo, aunque sea un céntimo, ese límite se ha roto. Porque además la persona se reafirma en su método y va llegando a cosas más grandes cada vez. Es como el niño que miente continuamente y se va enredando cada vez más y más en su mentira. Es un modo de actuar infantil e inmaduro como el descrito en el párrafo superior.
Para poder disculpar esta manera de actuar, estas personas dicen que hay que saber pasar con madurez por encima de estas cosas que las hacen los chiquillos. Pero si a un hijo se le corrige - antes se le corregía, ahora no se hace porque se dice que este proceder es de inmaduros y de fachas o gente de derechas, antiguos y se le deja para que el niño mismo se corrija solo como si lo niños vinieran al mundo enseñados o como si intuyeran que por medio de la observación se han de corregir, eliminando los padres u obviando toda responsabilidad en su actuación sobre sus hijos, enseñándoles - igual se ha de corregir a un adulto. Engañar está mal para un céntimo y para un comercial que vende un producto fraudulento y estafa. Así que el límite se ha de poner a la falta de respeto y a la actuación malévola porque si no se coloca dicho límite, la persona irá a más. Claro, siempre adornamos las cosas con los atenuantes... pero más vale pedirlo abiertamente que mentir. O aguantarse que esto no lo hacemos todos.
La ignorancia ya no es un eximente del delito. Podemos no saber una cosa pero se pregunta porque aunque nos cueste creerlo, se nos ha dado la facultad de hablar y todo un aparato de fonación perfecto para poder expresarnos además de conocer la lengua, la escritura y de tener un sistema educativo que nos enseña a comunicarnos, a leer y a escribir en muchos idiomas y sistemas. Tenemos de todo. Lo que no nos enseña es a interpretar lo que leemos, escribimos y vemos y mucho menos lo que tenemos delante para poder reaccionar. Imagino que si Michelle Martin hubiera sabido que las niñas gritaban por hambre, les hubiera dado de comer. Vamos a verlo.
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