21/1/08

La falange, forma de combate.

- Forma de combate.

La falange, por su forma de avance compacta, apenas podía maniobrar si no era en campo abierto y en un combate muy organizado, sin lugar a la improvisación. Siempre entraba en combate con un plan previamente concebido, llamada agon, como el certamen atlético, conforme a normas ritualizadas y sin contar en absoluto con el factor sorpresa. La batalla se organizaba con la misma tetralidad ritual de la exhibición atlética: se hacían sacrificios previos, el enfrentamiento tenía lugar en un espacio limitado y se realizaban acciones de gracias con entrega de coronas y trípodes.
Se establecía previamente con el enemigo, de forma más o menos tácita, el punto de encuentro de los dos ejércitos, de forma que no hubiera ventajas tácticas a priori para uno u otro contendiente. Solía elegirse para ello la llanura de un campo de labor, en la que se alineaban las falanges. Después de hacer un sacrificio para implorar la benevolencia divina, se avanzaba hacia el enemigo, distante sólo unos centenares de metros. La marcha, muy ordenada, solía terminar a paso ligero. Los espartanos tenían la costumbre de avanzar en gran silencio, sólo roto por el sonido de la flauta, lo que al parecer impresionaba mucho a sus enemigos, mientras que en otras ciudades se acompañaba la marcha con fanfarrias de trompetas, gritos y peanes de ataque en honor a Ares Enialio. Concluída la batalla, el vencedor realizaba un peán de victoria en honor de Dioniso y Apolo, se erigía un trofeo en el campo de batalla (un sencillo armazón de madera decorado con las armas arrebatadas a los enemigos), se retiraba a los muertos de cada bando, y se emprendía el regreso, acompañado por nuevos preces, sacrificios y banquetes.
El orden compacto de ataque impedía a la falange los movimientos rápidos y no permitía la persecución del enemigo, problemas éstos que se agravaron después de la reforma macedónica, cuando el aumento de efectivos limitó aún más la capacidad de movimiento de la falange. El principal problema de movilidad consistía en la confusión que se creaba al pasar del "orden profundo" al "delgado". La ordenación táctica de la legión romana aventajó en este sentido a la falangista, ya que aquella contaba con la ventaja de poder pasar con facilidad de un orden esparcido a uno apretado. Los numerosos cuerpos accesorios que acompañaban a la falange dificultaban aún más sus desplazamientos: caballería, tiradores o cuerpos ligeros de peltastas, psilites, arqueros, honderos, etc.
Las filas de la falange ejercían una presión colectiva y trataban de asegurar que se cubrirían de forma inmediata los vacíos dejados por las bajas. Los intervalos entre los combatientes eran al parecer menores de un metro, de forma que un ejército mediano, compuesto por unos diez mil hombres, se extendería sobre una superficie de dos kilómetros y medio. Cubrían los flancos de la falange varios cuerpos de tropas ligeras, que se encargaban de evitar los desbordamientos de las hileras y de crear confusión en las líneas enemigas antes y después del choque entre las falanges. El choque era frontal y daba lugar a muy escasos movimientos laterales. La falange tenía una tendencia natural a avanzar oblicuamente hacia la derecha, debido a que los combatientes tendían a desplazarse en el sentido opuesto al del escudo. Salvo que el enemigo consiguiera romper el orden de la falange, era en los flancos de ésta donde se decidía la batalla. El ala derecha que primero consiguiera romper el orden de la falange contraria, vencería. Después de esto, la batalla estaba prácticamente decidida, ya que los jefes muy poco podían hacer al no disponer de fuerzas de reserva. A pesar de sus características lúdicas y rituales, el choque de falanges era también terriblemente sangriento. El número de bajas era alto ( se estima que podía morir un 14% por parte de los vencidos y un 5% por el de los vencedores). Para contener la fila de la falange adversaria, los hoplitas tenían que combatir cuerpo a cuerpo, procurando no romper la alineación, primero con la lanza y luego con la espada. En el momento crítico de la batalla, el choque colectivo se descomponía así en multitud de combates singulares.

Evolución Casco Griego

Los enfrentamientos entre falanges eran muy rápidos y solían resolverse en el breve intervalo de una mañana, lo que mantenía a los ciudadanos alejados de sus actividades cotidianas durante muy poco tiempo. Las campañas más largas duraban apenas varias semanas, hecho que constituía una ventaja al evitar problemas de avituallamiento y exceso de impedimenta. Los combatientes sólo llevaban provisiones para el camino. Después, se confiaba en el producto del pillaje o en la aparición de los comerciantes, que acudían al reclamo de la ganancia segura. Por otra parte, las campañas siempre se daban en la estación calurosa, cuando ya estaban garantizadas las propias cosechas y podían robarse las del enemigo. La organización de la impedimenta requería escaso esfuerzo: cada hoplita se presentaba con sus propias armas, trajes de campaña (que no eran iguales, salvo en el caso de los espartanos, que llevaban todos túnicas rojas) y sus efectos personales cargados en una acémila o llevados por un esclavo que hacía de escudero. De este modo, la ruptura de la vida civil era mínima.
La dinámica social que imperaba en el seno de la falange tampoco distaba mucho de la vida en la polis. En las asambleas se ejercitaba la retórica y la persuasión, con arengas antes de iniciarse el combate. El mando supremo estaba a cargo de un grupo de generales o estrategos que ejercían una magistratura y eran elegidos por el pueblo. En el caso de Atenas, los estrategos eran diez y solían actuar colectivamente. Sus principales auxiliares en el mando eran los taxiarcas, al frente de los contigentes de las distintas tribus (salvo en el caso de Esparta, donde el mando recaía sobre los reyes o sus parientes cercanos). Los oficiales subalternos se mantenían en primera línea de sus unidades durante el combate, llevaban escasa insignias distintivas (un penacho de plumas en el casco) y sus funciones no se prorrogaban de una campaña a otra, por lo que no formaban una casta profesional. Los hombres de la falange, dotados de armas idénticas, formaban unidades intercambiables, salvo los más jóvenes, que ocupaban las primeras filas, y los más motivados, que ocupaban el ala derecha. La obediencia dentro de la falange se basaba en el acuerdo. Los castigos, sobre todo si eran de carácter corporal, estaban supeditados al juicio de un tribunal militar o, preferiblemente, de los tribunales ordinarios de la polis.

5.- La estructura de mando en la falange.

Como anteriormente se mencionó, poco se sabe de la estructura de mando del ejército en sus niveles inferiores, aunque se tienen indicios que sugieren una compleja jerarquía. En la Falange cada fila o dekas tenía cuatro miembros de rango superior, que también recibían mayor paga. Además del jefe de fila, dekalarches, dos hombres recibían paga doble,domoiritai, y un tercero paga y media. servían en posiciones destacadas y se les pagaba según su pericia. Por encima de ellos se encontraban los comandantes de los lochoi. No se sabe nada de su número y no se tiene ningún nombre registrado, pero eran lo bastante importantes como para que Alejandro los incluyera en el consejo que se celebró antes de la batalla de gaugamela. Los hipaspistas habrían tenido una organización similar para sus filas, pero el único grado intermedio entre las filas y la quiliarquía parace haber sido la " pentacosiarquía ", cuyos comandantes fueron relativamente oscuros. Las subdivisiones de la Caballería de Los Compañeros constituyen un misterio similar. La primera división de la que tenemos constancia es elhekatostys, que habría tenido una fuerza nominal de 100 hombres ( aunque la analogía con la deskas de la infantería nos advierte de que no podemos tomarnos la cifra muy en serio); y desde el 331 existieron las subdivisiones en lochoi, de mayor tamaño. No se sabe nada de estos mandos menores y el único nombre que tenemos es el del "hiparco"Calines, que intervino brevemente en Opis.
Las posiciones más importantes de la jerarquía eran, naturalmente, los mandos de los contingentes individuales, pero incluso en los niveles más altos habían diferencias de rango dificiles de dilucidar. Antes de Isos, Alejandro convocó a su consejo a los comandantes de la Infantería, a los Ilarcos de la Caballería y a los comandantes de los aliados; y se celebró una reunión similar antes del sitio de Tiro que incluyó a todo el cuerpo de hetairoi, así como a los comandantes de la unidades especificas. estos episodios tan solo nos dan la totalidad del alto mando y no la jerarquía existente en su interior. Sin embargo parece que los comandantes de los ilai de la caballería se encontraban en un nivel ligeramente inferior.Arriano los asocia con los oficiales de los lochoi de la infantereía y los oficiales de mayor graduación. esto encaja con el resto de los datos. Aunque los ilarcos en algunan ocasión aparecen mencionados por su nombre en la narrativa de la campaña, no eran muy notables ( exceptoClito El Negro, comandante del Ile Real ); y nunca se les concedían puestos independientes. Lo mismo parece haber sucedido con los oficiales de los hipaspistas; los quiliarcos y pentacosiarcos se encontraban en un nivel notablemente inferior al de los comandantes de los batallones de la falange, los generales propiamente dichos. Parece como si el primer nivel de mando por debajop de Parmenión y el mismo Rey comprenciera a todos los comandantes de la caballería de los Compañeros y los hipaspistas ( los dos hijos de ParmeniónFilotas y Nicanor), y a los seis generales de los taxeis de la falange. Son ellos los que aparecen al frente de múltiples contingentes en ausencia del Rey y de Parmenión; Filotas, por ejemplo, llevó la caballería y tres taxeis de la falange para hacer frente a la flota persa en el monte Mícale, y Crátero y Pérdicas quedaron al frente de las operaciones en Tiro mientras Alejandro llevaba a cabo una campaña en el Antilíbano. Si alguno de los miembros de este grupo llegó a estar por encima de los demás durante los primeros años, probablemente ese fué Crátero, el cual tuvo el mando general de la infantería en el costado izquierdo tanto en Isos como en Gaugamela, y quedó al frente del campamento en las Puertas Persias mientras Alejandro daba un rodeo.
Una posición algo anómala en la jerarquía de mando es la de los guardias personales el Rey. este grupo, el círculo inferior de los hetairoi era la reliquia institucionalizada de la vieja guardia del rey, integrada por nobles y todavía constituía el entorno inmediato del Rey. La pertenencia a este grupo era incompatible con todo puesto alejado de la corte, y tanto Bálacro como Menes fueron sustituídos en cuanto se les asignó mando en las provincias. También parece haber sido incompatible con un puesto de mando en el ejército. Durante los primeros años del reinado no se conoce ningún ejemplo de un guardia del Rey que ocupara un puesto superior; y, cuando Ptolomeo, hijo de Seleuco se puso al frente de un batallón dela Falange, perdió el título de guatrdia personal. Sin embargo algunos miembros de la gudia personal aparecen ocasionalmente al mando de grupos del ejército en situaciones puntuales; otro Ptolomeo, también de la guardia personal del Rey, estuvo al frente de una fuerza conjunta de hipaspistas y soldados con armas ligeras durante el sitio de Halicarnaso. Parecía como si el grupo, en conjunto, tuviera el mismo nivel que los comandantes de los batallones de la falange, pero sus miembros no ten´`ian un lugar propio en la estructura de mando. Lo mismo puede decirse de Parmenión, no tenía un mando específico propio, pero Alejandro lo utilizaba continuamente como segundo jefe, se encatgaba del ala izquierda en las batallas más importantes y tenía prioridad para escoger en las campañas secundarias. Como resultado estaba especialmente ligado a las fuerzas aliadas y mercenarias,que normalmente quedaban bajo su mando, perono había un ínico cuerpo de tropas destinadas a él de modo fijo.
En el curso del reinado tuvieron lugar varios cambios. En particular los mandos de la caballería se hicieron mucho más importantes y eclipsaron con mucho a las posiciones de lal falange. esta fué una clara decisión táctica de Alejandro. Tras la Ejecución de Filotas y el asesinato de Parmenión, Alejandro se opuso a los mandos amplios y únicos, y eliminó el pu4esto que había tenido Filotas. Dividió a Los Compañeros por primera vez entre Clito El Negro y Hefestión, pero las hiparquias individuales pronto se convirtieron en entidades importantes por derecho propio y, en el momento de la invasión de la India, los comandantes de las hiparquías parecen tener todos el mismo rango.Entonces los taxiarcos de la falange más apreciados fueron trasladados a hiparquías; Pérdicas, Crátero y. más tarde Clito El Blanco. Al mismo tiempo la separación de la guardia personal de la estructura de mando fué disminuyendo gradualmente. Pérdicas que fué ascendido a la guardia personal en el año 330 a. C. estuvo el frente de una hiparquía en el año 327 a.C., y Hefestión combinó ambas funciones de modo parecido. También eran posibles otras combinaciones. Es muy probable que Pitón, hijo de Cráteras, guardia personal en el año 325 a.C., sea el Pitón que aparece en los textos al frente de un batallón de la falange en el año 326 a.C. Pero la Guardia personal se asociaba principalmente con la caballería, y la asociación se hizo más intensa a medida que la infantería declinaba en número de soldados, durante los últimos años de Alejandro. Cuando Crátero se llevó el contingente de veteranos de Opis en el año 324 a. C. tenía con él, por lo menos tres taxiarcos de la falange, entre los cuales estaba el veterano Poliperconte. Meleagro fué el único comandante de la falange que permaneció en su puesto hasta la muerte de Alejandro, e hizo frente al motín de la infantería en Babilonia casi solo. En cambio, los ocho comandantes que se mencionan junto con la caballería eran los hombres más destacados que quedaban en la corte, y seis de ellos aparecen antes como miembros de la guardia personal. Es una ilustración drástica de como el equilibrio de poder había cambiado. Los comandantes de la falange no habían sido degradados; pero la caballería se hizo mucho más importante a medida que la flor y nata de la corte se les asignaba mando en ella. Y, por encima de todo, cuando Alejandro nombró Visir (quiliarco) a Hefestión, no lo asoció con la guardia de la infantería, como parece haber sido el caso de sus predecesores Aqueménidas, si no que lo puso el frente de su hiparquía, que a partir de entonces se conoció como la quiliarquía de Hefestión. El cambio de énfasis es cierto, pero no se pueden hacer más que conjeturas acerca de sus motivos. Hay algunos datos que indican una desilusión creciente entre la infantería en el momento del asesinato de Parmenión y esta culminó en los dos motines, el de Hífasis y el de Opis, y no sería sorprendente que Alejandro hubiera tenido como objetivo deliberado aumentar el prestigio y la importancia de la caballería.
La otra transformación importante en la organización militar es la creciente movilidad del mando. Desde finales del año 330 a. C. cuando estalló la guerra de guerrillas en el este de Irán, se inició una tendencia creciente a dividir el ejército entre varios mandos, creados con un fin estratégico específico. Al principio del año 328 a.C., por ejemplo, Alejandro dejó cuatro comandantes de la Falange en Bactra, para que controlaran la zona situada al sur del Oxo y después dividió el resto del ejército en cinco columnas separadas mandadas por oficiales superiores, tres de los cuales son conocidos miembros de la guardia personal. Estas divisiones son muy distintas de las campañas separadas, que, según los datos, se produjeron al principio del reinado. Entonces, Alejandro tendía a destacar sus tropas aliadas y mercenarias mientras retenía las fuerzas macedonias al completo. Ahora pasó a dividir sus fuerzas de modo más o menos indiscriminado, macedonios y mercenarios por igual. Alejandro dio estos mandos separados a un número relativamente pequeño de oficiales, Crátero, Hefestión, Ceno y Pérdicas, que tendieron a ser utilizados desde el primer momento, y Ptolomeo ( hijo de Lago), Leonato y más tarde, Pitón en caso de que fueran necesarias columnas secundarias. En la marcha a la India Hefestión y Pérdicas fueron enviados por delante en dirección al Indo con 8una gran fuerza que comprendía casi la mitad de los macedonios y toda la infantería mercenaria, mientras Alejandro llevaba a cabo una campaña intensiva a lo largo del valle del Cofén en la que utilizó una multitud de columnas más pequeñas que unía cuando la ocasión lo pedía. Uno de los rasgos peculiares de estas misiones es la tendencia a destacar a los comandantes de las falanges de sus tropas. En el verano del año 327 a.C., Crátero se quedó para pacificar el territorio que rodeaba la ciudad de Andaca junto con el resto de los comandantes de la infantería, aunque sus fuerzas contenían, como mucho dos taxeis; Y , en el Hidaspes, tres comandantes de la Falange ( Meleagro, Átalo y Gorgias) fueron, por lo que parece, separados de sus taxeis y se utilizaron en tácticas de diversión con la infantería y la caballería mercenarias.Lo que es más, Ceno, que estuvo al mando de un batallón de la falange desde el año 334 a.C. hasta su muerte a finales del 326 a. C., tuvo un papel predominante a la cabeza de la caballería en el Hidaspes, y Arriano incluso le asigna una hiparquía. Seguramente este último mando fué temporal, pero resulta desconcertante y es una buena ilustración de la variabilidad de los puestos superiores a finales del reinado. Y no solo se vieron afectados los altos mandos; cuando Nearco. el Quiliarco de los hipaspistas, fué enviado a una misión de reconocimiento en el año 327 a. C., sus tropas se limitaron a la infantería ligera y su propia quiliarquía se asignó a otra persona, tal vez a su colega Antíoco.Soldado colocándose la coraza de lino
Soldado colocándose la coraza de lino

Las razones de esta cambio fueron hasta cierto punto, de orden militar. Cuanto más variadas eran las operaciones del ejército, más fluida se hacía la estructura del mando. Pero intervino también un factor político. En el momento de las ejecuciones de Filotas, e incluso antes, Alejandro estaba preocupado por el problema de confiar grandes contingentes de tropas a un único comandante. Alejandro lo contrarrestó de distintos modos, interpuso nuevos puestos subordinados en la jerarquía, trasladó a los mandos con mayor frecuencia y destacó a oficiales superiores para servicios especiales lejos de sus unidades. Lo que `pretendía era convertirse en el único foco de lealtad del ejército. Parmenión no tendría sucesor. Crátero constituye el paralelo más cercano debido al alcance de su mando y a la devoción que inspiraba en sus hombres, pero ni si quiera a él se le permitió identificarse con un único grupo en el ejército. Aunque era comandante de la caballería, en los textos solamente aparece una vez con su propia hiparquía, y las fuerzas expedicionarias que mandó variaban ampliamente de composición; por lo general incluían batallones de la falange, pero una selección distinta cada vez. No tuvo monopolio sobre ningún sector del ejército, ni tampoco lo tuvo ningún otro comandante.Los lazos regionales y personales habían perdido mucha importancia; el único factor de unidad se encontraba en la persona del Rey.

6.- Los hoplitas.

Soldado perteneciente al antiguo ejército griego de infantería pesada: los hoplitas pertenecían por lo general a las clases más acomodadas de la ciudad griega.
El hoplita, soldado por antonomasia de la falange griega, fue la expresión más evidente de la evolución socio-política de la ciudad-estado. Aunque se desconocen sus orígenes, sabemos que el modelo hoplita (inserto en la táctica militar de la falange) se impuso en las distintas ciudades-estado de Grecia desde mediados del siglo VII. A partir de entonces, el reclutamiento de tipo hoplítico se convertiría en una de las características definitorias de la organización socio-política de las polis griegas en su evolución hacia la democracia. La defensa de la polis se convirtió en un deber para los habitantes más ricos de las ciudades-estado, gozaran o no de los privilegios de la ciudadanía. El sector acomodado de la población ateniense estaba obligado a defender la ciudad sirviendo en las falanges y pagando su propio equipamiento de combate. Los más ricos tenían que cumplir además con los deberes, más gravosos, de la caballería.
Las representaciones iconográficas nos ofrecen una acabada imagen del guerrero hoplita. Como armas ofensivas, éste portaba lanza de acometida (llamadasarisa, hecha de madera, de unos dos metros y medio de longitud y provista de punta y contrapeso de hierro o bronce) y espada corta para el combate cuerpo a cuerpo. Para su defensa, el hoplita iba protegido por grebas, casco metálico y, dependiendo de las épocas, por una coraza o loriga de cuero con placas o mallas sobrepuestas. Pero su arma más característica era el escudo (hóplon), fabricado en bronce o de un armazón de madera o mimbre recubierto de piel, cuyo diámetro oscilaba entre los ochenta y los noventa centímetros.
Hoplita Griego 
Hoplita Griego
La originalidad del hóplon radicaba en que, a diferencia de los escudos tradicionales, no se colgaba del cuello con una correa, sino que se llevaba en el antebrazo izquierdo, agarrado por una abrazadera central de bronce y una correa que servía de asa. De ello se derivaban dos consecuencias: por un lado, el hoplita sólo disponía de su brazo derecho para manejar las armas ofensivas; por otra lado, la protección de su flanco derecho, que quedaba sin arropar por el escudo, descansaba en el compañero de fila, dentro de las apretadas hileras de la falange. Esto dificultaba no sólo la movilidad sino también la visibilidad de los hoplitas, pero favorecía el mantenimiento de la solidaridad en las filas de la falange, al depender la protección de los soldados, en buena medida, de sus compañeros de hilera. El manejo adecuado del hóplon y los movimientos del orden falangista se ensayaban en ejercicios colectivos, en los que tenía gran importancia la práctica gimnástica.
El armamento hoplita sufrió una evolución desde las épocas más arcaicas, haciéndose más ligero. Desaparecieron los brazales, las musleras o quijotes, el tonelete o faldellín antiflechas, así como la segunda lanza que se usaba como jabalina, elementos que aparecen con frecuencia en las representaciones más antiguas. La coraza de bronce se sustituyó por una casaca de lino o cuero reforzada con piezas metálicas. Aún así, el equipo seguía requiriendo una importante inversión (unas cien dracmas áticas, según se ha estimado, lo que representaba el salario trimestral de un obrero cualificado), derroche que, en la Atenas del siglo V, sólo podían permitirse los ciudadanos pertenecientes a una de las tres primeras clases censatarias. De entre las capas acomodadas de la población ateniense, la tercera de ellas en importancia, la de los zeugitas, formaba el grueso de los efectivos hoplitas. Pero junto a los hoplitas, que formaban el cuerpo central o nervio de la falange, acompañaban a ésta multitud de soldados (peltastas, psilites) que componían los cuerpos auxiliares y se nutrían de las capas más desfavorecidas de la población, incluidos los esclavos, que solían actuar como escuderos de sus amos. La eficacia de los hoplitas no era tanto fruto de una rígida disciplina propiamente militar como del consenso ciudadano. De hecho, no siendo tropas profesionales, admitían pronto la derrota. La eficacia de las falanges hoplíticas se basaba en la solidaridad, base de su cohesión. La norma más estricta era no abandonar a los compañeros de filas y, por lo tanto, aguantar las posiciones. Esta lealtad al cuerpo se inculcaba desde pequeños a los muchachos espartanos a través de la férrea organización de su vida cotidiana, mientras que en Atenas se conseguía a través del agrupamiento de los hoplitas en tribus, esto es, en trittyes. Así funcionaban en el seno de la falange relaciones naturales de apoyo y ayuda mutua regidas por el parentesco, la vecindad o la amistad.

Todos los hoplitas recibían la misma paga o ración. En la Atenas del siglo V la cantidad variaba de media a una dracma por día, dependiendo del estado del tesoro público. El sostenimiento de sus criados o escuderos solía correr por cuenta del hoplita. Este sueldo debía ser en realidad insignificante para la economía de los hoplitas: éstos estaban en servicio sólo unos pocos días o semanas y no recibían ninguna compensación por el gasto que invertían en su equipo y armamento. Su paga era, por tanto, de carácter más bien simbólico. El servicio dentro de las falanges era más bien un medio de prestigio social y un deber ciudadano.
El modelo hoplita clásico, que representó el poder de las clases ciudadanas más elevadas, tuvo una vigencia limitada. Este esquema ideal no pudo mantenerse en momentos de amenaza grave o de conflictos muy prolongados, como la Guerra del Peloponeso. La necesidad de mantener efectivos permanentes y expertos en el combate hizo que, a lo largo del siglo IV, fueran ganando importancia los estrategas profesionales y los soldados mercenarios y que se recurriera a las capas más bajas de la población para engrosar las filas del ejército, especialmente desde la reforma de Filipo II de Macedonia. Aún cuando se siguieron celebrando los éxitos de este modelo, en especial en el recuerdo de los héroes de la batalla de Maratón, a finales del siglo V el reclutamiento se había extendido de facto -no de iure- a otros grupos sociales: en Esparta, a elementos de los ilotas y en Atenas a los tetes, la cuarta y última categoría censataria.
El modelo hoplita mantendría su vigencia, como cuerpo de elite, durante la época helenística. Pero su prestigio y eficacia se vieron mermados por la expansión del modelo romano de las legiones, mucho más eficaz en combate, desde principios del siglo II a.C.

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