Entramos en viernes, el día de Venus o Afrodita. En tiempos de los griegos y de los romanos el calendario no estaba distribuido como ahora y, aunque no dé igual, a la gente no le interesa, no le hace aprecio.
¿Se ha de invocar al amor? ¿A qué amor? El lucero vespertino, en ocasiones de color azulado, es el primero que se ve - no amanece, sólo está ahí y se nos permite visualizarlo cuando nuestro planeta rota en su dirección - al atardecer y al amanecer. Con la luna llena, se sitúa a su lado, acompañándola, y si en la realidad el tamaño de Venus es enorme en comparación con la Tierra, desde aquí se vislumbra un planeta pequeño y recatado y a nuestro satélite enorme y colapsador. No se aman, son seres inertes pero nuestra imaginación vuela y los empareja en un deseo de ... ¿que? no quiero especular.
Pero sí ir añadiendo lo que vulgarmente se denomina "diarreas mentales". Ese tipo de conversación interna que, cuando sacamos a la luz, provoca hilaridad, consejos gratuitos acerca de visitar al psiquiatra o la pérdida de varias "amistades " que no convenían.
La última es acerca de los beneficios de no ser amado. El cerebro es sabio y conoce los entresijos para conformarnos en el caso de un gran sufrimiento. En mi humilde opinión, cuando se estudian enfermedades mentales y psicológicas no se tienen en cuenta todos los datos y el principal conjunto de pistas es ofrecido por el propio enfermo; pero es tan molesto detenerse a analizar todos sus pensamientos... De esta manera demuestran que quizás los "insanos" sean víctimas de otros "enfermos mentales" autorizados y valorados socialmente en una cultura con una mayoría de psicópatas y sociópatas alarmante.
Antes no expresaba estas opiniones. Vamos, por voz y en la vida real ni se me ocurre e, incluso, i alguien me encarara el presente artículo, puedo responder que es algún tipo de prueba o ensayo y no es verídico. (Tengo que buscar el significado de la palabra "verosímil" y aplicarla a las palabras de un borracho que expresa una conversación totalmente ininteligible para entender qué quiso decir su acompañante ). Suelo callarme siempre y me hacen detenerme, también, porque "he de pensar en lo que digo para no dañar a los demás". Siempre la misma historia. Cuando los demás no cavilan y dicen sus cosas sin preocuparse por hacer daño o no. Pero debo ser yo la que cuide mis palabras y debo obviar las necedades ajenas para no herir y tener siempre una palabra dulce y respetuosa. Cuando me hacen daño a mí, entonces soy yo la que me daño. Eso encima. Tras de cornudos, apaleados. Debo seguir un juego social odioso que no me ha gustado jamás. Las triquiñuelas del doble sentido, de la doble estructura del lenguaje: la superficial y la profunda. Esa estructura que permite al español engañar al extranjero - y viceversa - y que se muestra con señas y silencios incómodos mientras se piensa en lo que se va a esgrimir oralmente para conseguir un propósito.
Cuánto mejor es el silencio o el hablar con franqueza. Cosa que nadie va a hacer pero que es útil para un estudio interno, para quitarse basura de la cabeza y del corazón. Lo cual voy a empezar a poner en práctica dentro de unas horas: eliminar lo que me hace daño, aquello que se refiera a quien me hace daño o a lo que me hace daño. Y una de esas cosas es el amor, sea platónico, sea sensual, sea como sea.
Habré sido amada... doce días en cuarenta y ocho años. Y no tengo reparo en decirlo, aunque se me tache de egoísta. Es que hoy el pensamiento ha girado por esa ruta. Ya no tengo esperanza alguna de volver a ser amada y tampoco me lo creería si alguien me lo dijera.
Esto tiene muchos beneficios. Como el amor se entiende posesivamente, en mi caso no soy poseida por nadie. Soy libre, únicamente sujeta por alguna carga familiar que espero que en algunos años también desaparezca, y por deudas, como toda la gente. Pero no me ama nadie. Al principio me pareció pesaroso: nunca tendré la oportunidad de pasear al amanecer o al atardecer por la orilla de la playa - y mira que lo he intentado - ni de emocionarme viendo el paso del tiempo, el cielo azul, el contraste de la luz, la caída de la lluvia, el vuelo de los pájaros, los cambios geográficos, de comentar las noticias de la televisión y quedarme embobada escuchando a mi interlocutor, de viajar en tren uno frente a otro leyendo libros y fingiendo que no nos conocemos, de esperar a alguien en un aeropuerto tras un viaje de trabajo, de preparar alguna comida o cena especial, de encontrar, cada día, algo nuevo que aprender o algo distinto con lo que sorprender a alguien, de vivir en paz interna y externa y ver la caída del granizo cogiéndonos las manos, de preparar un café que no podré tomarme pero sí compartir el calor de la taza y la suavidad del aroma, de leer las noticias de detrás del periódico mientras él lee las páginas interiores, de acariciar la nuca con suavidad o hacer un masaje en la espalda o en los hombros de esos tan necesarios en un día tenso de trabajo , de mirar los libros de un escaparate, la ropa, las joyas y soñar porque no voy a comprarlos pero sí imaginar el llevarlos puestos, de intentar reconocer en cada momento sus gestos, sus palabras, sus enfados, sus alegrías, de sentir ganas de volver a verlo cada vez que entre por la puerta y una tristeza íntima cada vez que salga por ella, de ... en fin... claro, son cosas que me pierdo pero también gano mucho.
Gano mi libertad y mi imaginación. Nadie me ama pero yo sí puedo amar a quien quiera. Puedo hablar con quien me dé la gana e ir seleccionando y amar sabiendo que no voy a ser correspondida pero seré libre de escribir relatos y poemas abiertos y la persona convertida en "musa" imaginativa nunca lo sabrá. Podré ilusionarme con una o varias personas e ir eliminando opciones y nadie sufrirá por ello. Es más, serán felices en la vida real con sus parejas.
Sí se corre un riesgo con todo esto: cuanto más necesarios sean los besos, las caricias, la compañía, más se arraigará la soledad al corazón y se clavará como un hacha en la yugular, en la presencia inexistente, en las palabras mudas y en los sentimientos ideados y falsos. Se hincará mostrando la realidad obvia pero haré uso de esa treta social que tanto se empeña la gente que utilice: mentirme a mí misma disculpándome, en cada momento, la ausencia de respuestas.
Así que, actuando con la acción masiva sin dar tiempo a la aparición de pensamientos, podré subsistir el tiempo que me quede. Viajaré mirando el asiento vacío e inventaré a Poirot escudriñando los sillones. Veré a Lawrence de Arabia caminar a caballo por la playa y pasar de largo en busca de alguna joven belleza y a William Wallace ideando alguna estratagema para una batalla donde los irlandeses tendrán un papel destacado. Reflexionaré con Toro Sentado acerca de las injusticias de los blancos en los Estados Unidos y conoceré a Custer, por fin, intentando hacerle desistir - inútilmente - de su empeño en llevar a la muerte al séptimo de caballería. Acompañaré a los indios en su retirada forzosa hacia las reservas y conoceré qué motivo fue el que llevó a los incas a inmolarse ante la presencia de los españoles aunque no compartiré con ningún pueblo del mundo los sacrificios humanos ni de otro tipo. Quizás pueda ver a Wyatt Earp o a Barbarroja o al rey Rodrigo, a Alfonso X el Sabio, a Gonzalo de Berceo o a Eneas, dar un rapapolvo a Pitágoras, conocer a los nubios y al rey Salomón, adorar al Ulurú junto a los aborígenes australianos y tocar la percusión acuática para recibir a los extranjeros. Tomar el té junto al último emperador chino o investigar junto a Einstein, Fleming o el matrimonio Curie. Acudir a un concierto de Vivaldi o de Paganini, escuchar la obra de Wagner mientras leo a Goethe o ver a Shakespeare interpretar sus propias obras... en fin, conocer a tanta gente y disfrutar de tanta historia, geografía, ciencia, literatura, etc.. de todo el mundo, cosas que no podría hacer si me amaran porque, seguramente, a la otra persona no le gustaría todo esto.
Caminaré doce o trece kilómetros diarios y me ocuparé de que, cada dia, la casa esté lista para que no llegue nadie. Pero a lo mejor ese engaño es útil y otros puedan aprovecharse de ese esfuerzo ... o no..
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